SMS
10, 20 de 2005-11-20 de 2005
Un relato corto, corto...
Estaba sentado en mi sillón, acariciando mi gata, deshaciéndole los remolinos y los nudos del pelaje. El pelo de una gata persa es mucho más delicado que el de algunas actrices, y ese contacto me suaviza el carácter. Con la mano libre estaba cambiando canales sin buscar nada en concreto. En un fondo de pantalla azul apareció su mensaje: “Chica mona busca chico para nada serio” Lo miré un momento. Volví a cambiar el canal. Me quedé pensando. Llevaba más de un mes ya no sin un polvo, sino sin oler a una mujer. Y para mí, que soy un poco puto, es algo difícil de asimilar. Volví a poner el canal y con mi móvil y un par de mensajes concerté una cita con EVA para la noche siguiente.
Habíamos quedado en la puerta de una tasca. Estaba llena de turistas y parejitas besándose entre tapa y tapa. Llegó como prometió con un fular violeta. Era... normal. Yo me esperaba algo raro, quiero decir, tenía mi idea hecha de que a esos programas mandan mensajes tías desesperadas feas y gordas, o señoras aburridas que podían ser zorrones cansadas de su maridito cajero de banco o madres de familia que necesitaban sentirse vivas de repente, o tías buenorras viciosas que querían azotar un culito nuevo, o un travestido con ganas de dar un buen susto. Nada de eso. Una mujer normal y corriente. Morena, ojos avellana. Un cuerpo con la justa cantidad de todo. Vestía un traje de falda y chaqueta que llevaba con una gran naturalidad, con clase incluso.
No se si fue el vino, o la noche, o que llevaba demasiado tiempo acariciando a mi gata. Lo cierto es que se me removían las entrañas con EVA, que algo volvía a latir tras un año de baja por invalidez. Que la estaba cagando porque las letras amarillas sobre fondo azul lo decían muy clarito: “Chica mona busca chico para nada serio”. Y seguimos hablando, y nos fuimos de copas, y bailamos, y le olí el pelo, y me mordió el cuello.
En un hotel en el que ya casi no me recordaban la desnudé y follamos hasta que amaneció. Se vistió en silencio mientras la miraba. Besé sus pezones y me senté en la cama, caliente y machacada. Ella sonreía. Solo eso. Me mordió un poco el labio inferior y se fue. Con su traje de ejecutiva. Con mis entrañas tras su culo.
Esta noche ha vuelto a aparecer su mensaje en pantalla. Miro mi móvil y luego a mi gata. Maulla porque me conoce. Me estuvo bufando una hora cuando volví de ver a EVA. No aguantaba el olor de su perfume.
Le mandaré un SMS. Y si tiene que maullar, gritar o cantarme una petenera que lo haga.
Estaba sentado en mi sillón, acariciando mi gata, deshaciéndole los remolinos y los nudos del pelaje. El pelo de una gata persa es mucho más delicado que el de algunas actrices, y ese contacto me suaviza el carácter. Con la mano libre estaba cambiando canales sin buscar nada en concreto. En un fondo de pantalla azul apareció su mensaje: “Chica mona busca chico para nada serio” Lo miré un momento. Volví a cambiar el canal. Me quedé pensando. Llevaba más de un mes ya no sin un polvo, sino sin oler a una mujer. Y para mí, que soy un poco puto, es algo difícil de asimilar. Volví a poner el canal y con mi móvil y un par de mensajes concerté una cita con EVA para la noche siguiente.
Habíamos quedado en la puerta de una tasca. Estaba llena de turistas y parejitas besándose entre tapa y tapa. Llegó como prometió con un fular violeta. Era... normal. Yo me esperaba algo raro, quiero decir, tenía mi idea hecha de que a esos programas mandan mensajes tías desesperadas feas y gordas, o señoras aburridas que podían ser zorrones cansadas de su maridito cajero de banco o madres de familia que necesitaban sentirse vivas de repente, o tías buenorras viciosas que querían azotar un culito nuevo, o un travestido con ganas de dar un buen susto. Nada de eso. Una mujer normal y corriente. Morena, ojos avellana. Un cuerpo con la justa cantidad de todo. Vestía un traje de falda y chaqueta que llevaba con una gran naturalidad, con clase incluso.
No se si fue el vino, o la noche, o que llevaba demasiado tiempo acariciando a mi gata. Lo cierto es que se me removían las entrañas con EVA, que algo volvía a latir tras un año de baja por invalidez. Que la estaba cagando porque las letras amarillas sobre fondo azul lo decían muy clarito: “Chica mona busca chico para nada serio”. Y seguimos hablando, y nos fuimos de copas, y bailamos, y le olí el pelo, y me mordió el cuello.
En un hotel en el que ya casi no me recordaban la desnudé y follamos hasta que amaneció. Se vistió en silencio mientras la miraba. Besé sus pezones y me senté en la cama, caliente y machacada. Ella sonreía. Solo eso. Me mordió un poco el labio inferior y se fue. Con su traje de ejecutiva. Con mis entrañas tras su culo.
Esta noche ha vuelto a aparecer su mensaje en pantalla. Miro mi móvil y luego a mi gata. Maulla porque me conoce. Me estuvo bufando una hora cuando volví de ver a EVA. No aguantaba el olor de su perfume.
Le mandaré un SMS. Y si tiene que maullar, gritar o cantarme una petenera que lo haga.
Por ruben dario marquez ruiz |
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