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Es mi mundo y son mis reglas

Un treintañero hipotecado y soltero se va a soltar la melena y va a decir lo que piensa de todo, incluso lo que no piensa también lo va a decir

Sentido de frontera

10, 28 de 2005-11-28 de 2005
Hay días que la gente te molesta. Sobra. Se hace incómoda. Creo que es por que han pasado la línea. Han cruzado la frontera y se han metido en ti, en tu pequeña patria. Y sientes que has de echarlos.

La frontera es un trazo que recorre los bordes de tu vida. Son las emociones que escondes, los amores de los que te acuerdas, las manías que ejecutas precisas todos los días, la gente a la que crees que quieres. Es el límite entre tu yo público y tu yo privado. Es el espacio, el lugar, que existe entre el yo social que conocen tus amigos, tu pareja, tus padres. Y el yo íntimo, el de los grandes y mezquinos secretos, el de las verdades que no dices, el de las canciones que tarareas obsesivamente, el de las caricias que aún te queman la espalda.

Cuando cruza alguien esa línea de puntos invisibles reaccionas, yo lo hago de forma agria. Me separo y me alejo, sin dar explicaciones. Que alguien cruce la frontera implica cultivar de nuevo los campos, limpiar las calles, volver a leer, recuperar el pulso. Han estado cerca de ti, tanto que te da vértigo, pánico, ganas de vomitar. Y te lavas intentando quitarte el olor del violador.

No hay distinciones. Quien cruza es un agresor. Da igual que sea papá, mamá, la novia, los amigos… Para esta fiesta no había invitaciones. Tú solo quieres un espacio. Una isla en la que esparcir por el suelo todo lo que tienes. Y actúas así por que sabes que marcar fronteras es actuar contra todos. Te obligan a ser uno más, te imponen reglas y normas que no son tuyas, que te son ajenas y se cuelan en tu territorio con las espaldas mojadas de mentira y falsa piedad. Te intentan señalar los límites y el contenido.

Mi territorio no es una casa, no es una nación, no es un cuerpo. El territorio son las emociones que la nuez no me deja que saque de la garganta. Son mis traumas. Mis valores. Mi precio para dejarme comprar. Mi discoteca, mi biblioteca, mis zapatos. Es el puro que me fumo de madrugada. Los libros que he roto. Las ex novias que se casan y te hacen dudar. Los miedos que tienes de niño y todavía te gruñen cuando apagas la luz del dormitorio.

Aquí no debe entrar nadie. No puede entrar nadie. De hecho yo entro muy pocas veces. Para recordar que soy uno y único en este mundo de ovejas clonadas e ídolos globalizados. Para esconderme de los que me persiguen.

En mi territorio la luz es más clara. Los conceptos son precisos. Brillo ante mis ojos sin cortinas de conveniencia que me tapen. Y observo. Y pienso. Y digo. Desde mi territorio, desde mi lado de la frontera. Cuando os veo bailar, gritar un gol, comprar un periódico, hacer un botellón. La luz me lo dice. Algo me habla. No pueden entrar. Lo que para ellos es libertad para mí es licor de manzana sin alcohol.
Por ruben dario marquez ruiz | # enlace | Comentarios (1) | Referencias (0) | En: Cosas que me da por escribir

Comentarios

  1. Jorge dice:

    Me siento completamente identificado contigo, Ruben. Es sensación de ser una isla en ti mismo no es utópica ni mucho menos. Sigue por esa vereda que vas muy bien, aunque te dejes la camiseta puesta mientras suenan lo Red Hot...

    P.D.: Que te parece si intentas darme tu punto de vista del desarraigo, de la sensación de no pertenecer a ningún sitio y ni a ninguna persona del todo... Lo dejo ahí.

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